¿Crees que la ciencia es sexi?


Da ya think I’m sexy? pregunta Rod Stewart en su tema que rompió a finales de la década de los setenta, que despertó y seguramente sigue despertando innumerables pasiones confesables, y probablemente muchas más aún inconfesables. ¿Lo recuerdan?

A las puertas de la década de los ochenta, en el mismo año en que  Stewart rompía listas de éxitos, corazones y quién sabe qué más, y mientras nos recuperábamos del aluvión futurista y tecnológico cinematográfico de La Guerra de las Galaxias, acabábamos de conocer los ordenadores Apple y las pantallas de cristal líquido, y llevábamos ya algún tiempo usando disquetes o discos floppy y cintas de vídeo VHS y deleitando nuestros oídos con el sistema de sonido Dolby. Se había inventado la tomografía axial computerizada (TAC) y algunos afortunados manejaban ya teléfonos móviles o celulares y viajaban en trenes de alta velocidad. En 1978, Estados Unidos y la Unión Soviética lanzaban sus respectivas sondas con destino a Venus; asistíamos al éxito de las técnicas de fecundación in vitro con el nacimiento en un hospital de Inglaterra de Louise Brown, la primera niña probeta, aparecía la primera vacuna sintética contra la malaria, se sintetizaban los genes de la insulina humana y la OMS declaraba oficialmente la erradicación de la viruela. Dos científicos estadounidenses y uno suizo eran galardonados con el premio Nobel de Medicina por sus trabajos en el campo de las enzimas de restricción, herramientas fundamentales para la manipulación genética. Ah!, y en Estados Unidos se publica la primera historieta de Garfield.

Progresión del eclipse solar total del 1 de agosto de 2008 en Novosibirsk, Rusia. El intervalo entre fotografías es de tres minutos.
Progresión del Eclipse total del 1 de agosto de 2008 visto desde Novosibirsk, Rusia. Hay tres minutos entre cada fotografía. Autor: Kalan

En medio de este maremágnum de acontecimientos científicos y tecnológicos, Stewart lanzaba su pregunta sin ningún tipo de tapujo en medio mundo, incluida una España donde, con la democracia recién estrenada, aprobábamos la primera constitución tras la dictadura, se creaba el Instituto Nacional de la Salud (INSALUD), asistíamos a la legalización de la píldora anticonceptiva y despedíamos a Barreiros, una empresa española que había sido ejemplo de innovación en el sector de la automoción. A su vez, en aquella España en la que menos del 50% de los hogares disponía de automóvil o teléfono (fijo, por supuesto) y menos del 25% poseía una televisión en color, la recién nacida Constitución, a la vez que en su artículo 38 reconocía el derecho a la libertad de empresa, en el 44 hacía toda una declaración de intenciones: “Los poderes públicos promoverán la ciencia y la investigación científica y técnica en beneficio del interés general”. Por entonces sólo invertíamos en I+D un 0,35% del PIB y la Ley de la Ciencia aún no estaba, aunque seguramente eran muchos quienes la esperaban. Pero tendrían que esperar casi una década, hasta 1986, un año después de que el Ministerio de Industria pusiera en marcha los primeros programas de subvenciones a la I+D empresarial.

Acabábamos de estrenar, un año antes, un flamante CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial). Contábamos, aunque a tiempo parcial, con Severo Ochoa, que dos décadas antes había recibido el premio Nobel de Medicina y que en sus últimos años de carrera profesional compaginaba sus estancias en el Centro de Biología Molecular que llevaba su nombre, en Madrid, con su actividad en el Instituto Roche de Biología Molecular de Nueva Jersey. Y un grupo de científicos del CSIC se encerraron de manera indefinida en Medinaceli para denunciar “un régimen de contratación precario e injusto”. ¡Dejà vû! ¿Lo recuerdan?

Crystals of IgG antibodies against hepatitis in interference contrast (480x magnification in A3)
Crystals of IgG antibodies against hepatitis in interference contrast (480x magnification in A3). From the archive of Josef Reischig

Rod, nunca me he planteado responder a tu pregunta. No me siento capacitado. Ni motivado para ello, por supuesto. Ahora bien, al hilo de los párrafos anteriores, pregúntame si creo que la ciencia es sexi. Obviamente, no lo es. No tiene los atributos físicos y sexuales necesarios para serlo. Pero, ¿podemos decir que es atractiva, excitante, sugerente? La respuesta es sí, por supuesto, absolutely que dirían tus paisanos. Lo es. ¿Hay algo más seductor que adentrarse en lo desconocido, que descubrir? ¿Algo más absorbente que estudiar y desentrañar los mecanismos que producen las enfermedades? ¿Puede pensarse en algo más cautivador que revelar los misterios de la materia? ¡Cuán fascinante es mirar hacia arriba y perderse en los secretos de la atmósfera (la meteorología, el fenómeno atmosférico de las auroras boreales…) o ir más allá, al espacio, al hogar de las estrellas, las galaxias…! ¡Sumergirse en los secretos de los océanos¡ O conocernos a nosotros mismos, como especie, como individuos, nuestra historia, nuestro comportamiento. La ciencia…. nos cura, nos facilita la vida… Don’t you think she’s sexy?

Por cierto, los lectores más avezados ya habrán caído en que ‘stew’, ‘to be in a stew’ para ser más precisos, significa ‘pasar apuros’. “Stew-art”, o el arte de sudar la gota gorda día a día para salir adelante. Como la ciencia española, vamos.

Jesús Rey

CC BY-SA 4.0 ¿Crees que la ciencia es sexi? por Cultura Científica Empresarial. Proyecto CCe. está licenciado bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

1 comentario en “¿Crees que la ciencia es sexi?

  • Cuánta pena da! terminar de leer el recorrido por el que nos has paseado, ser conscientes del avance brutal en tan pocos años y que no se haya aprendido sobre lo básico: “apuntalar”. Es posible llegar a construir un gran castillo de naipes que deje asombrados por un instante a todos, a base de esfuerzo y trabajo, pero sigue siendo un castillo de naipes…frágil ante cualquier mínimo “envite”.
    Mirar por el retrovisor no suele ser malo, lo malo es cuando miras y no ha habido “recorrido”.

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